Redacción: Jesús Luna
El martes 31 de marzo amaneció con un sol implacable, de esos que no perdonan, marcando el escenario perfecto para una final que prometía intensidad desde el primer silbatazo. En la cancha, dos escuadras con hambre de gloria: Cafisa Comala y la Selección de Talentos Colima Sub 12-13, listas para disputar la gran final de la Copa Bosco.
El partido arrancó con un golpe tempranero que sacudió toda la planeación. Apenas en los primeros instantes, Cafisa Comala pegó primero con un gol que cambió por completo el rumbo del encuentro. A partir de ahí, el duelo se rompió: ida y vuelta constante, trazos largos, jugadas individuales y un despliegue de talento que reflejaba el trabajo formativo de ambos equipos.
Pero no solo el balón fue protagonista. El árbitro tuvo una actuación determinante, marcando cada contacto, cada choque, cada entrada fuerte. El partido se volvió ríspido, cortado por faltas, lo que añadió un ingrediente más a la tensión que ya se vivía en la cancha.
En las gradas, el ambiente era otro partido. Padres de familia entregados, alentando sin parar, convirtiendo cada jugada en un estallido de emoción. Cada falta, cada disparo, cada aproximación se vivía como si fuera la última.
Así se fue el primer tiempo, con ajustes tácticos en ambos bandos y todo por definirse.
Para la segunda mitad, la Selección de Talentos Colima salió decidida a cambiar la historia. Se volcó al frente, apostando por balones largos hacia su delantero, quien aguantaba la presión de hasta dos defensores, esperando la llegada del jugador distinto: el número 10, Elizardo Robles, “el mágico”.
Y fue justo al arranque del complemento cuando llegó el premio: el gol del empate. La final volvía a empezar.
El partido retomó la misma intensidad: muchas faltas, mucho contacto, pocas concesiones. Más que un juego, era una batalla. Los porteros, aunque no fueron constantemente exigidos, aparecieron cuando se les necesitó, evitando que el marcador se moviera nuevamente.
La jugada que pudo cambiar todo llegó en los minutos finales. Elizardo Robles tomó el balón y, con personalidad de crack, encaró a tres rivales, los dejó atrás y sacó un disparo raso y cruzado. El tiempo se detuvo. La grada contuvo el aliento. El balón recorrió el área con agonía… pero se fue apenas desviado. Era el gol de la final… y se escapó.
Tras algunos intentos aislados sin mayor peligro, el silbatazo final mandó todo a la tanda de penales.
Ahí, donde el talento se mezcla con la sangre fría, emergió la figura del partido: el arquero de Cafisa Comala. Imponente bajo los tres palos, atajó tres de los cuatro penales ejecutados por la Selección de Talentos, convirtiéndose en el héroe absoluto de la final.
Cafisa Comala se impuso con un marcador global de 5-2 en penales y levantó el título de la Copa Bosco 2026, categoria sub 12-13.
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