Redacción: Jesús Luna
A casi dos años de la histórica medalla de plata de Prisca Awiti en los Juegos Olímpicos de París 2024, el impacto en el crecimiento del judo en México ha sido menor al esperado. Aunque el logro marcó un antes y un después en la disciplina, el aumento de practicantes ha sido limitado, reflejando los retos estructurales y de difusión que enfrenta este deporte en el país.
De acuerdo con la presidenta de la Federación Mexicana de Judo, Lilián Estrada, tras la presea olímpica el número de practicantes pasó de dos mil a tres mil 500 en la actualidad, un crecimiento de apenas mil 500 nuevos judocas. Si bien representa un avance, está lejos del impulso masivo que suelen generar este tipo de logros en otras disciplinas.
Ante este panorama, la federación ha optado por promover el judo no solo como deporte de alto rendimiento, sino también como una herramienta de defensa personal y desarrollo físico. Iniciativas como clases masivas han logrado reunir a más de 50 mil participantes en todo el país, especialmente mujeres, con incrementos variables en los dojos, que van desde decenas hasta cientos de nuevos alumnos.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos sigue siendo la falta de comprensión del deporte entre la población. Así lo señaló Eduardo Ito, director de una de las escuelas más tradicionales, quien aseguró que la percepción del judo se limita a lo que se observa en televisión, sin entender su técnica, filosofía y beneficios. Esta desinformación ha frenado su expansión a pesar del éxito internacional reciente.
En contraste, países como Brasil y Estados Unidos presentan modelos más sólidos de desarrollo, con millones de practicantes y esquemas de financiamiento respaldados por empresas privadas. Según Manuel Larrañaga, ex presidente de la federación, la falta de apoyos económicos y patrocinio en México limita la proyección de nuevos talentos, especialmente en un deporte que requiere constante participación en competencias internacionales.
A pesar de ello, el judo mexicano ha mostrado una evolución competitiva importante en los últimos años, pasando de depender de figuras aisladas a contar con una base más amplia de atletas con proyección internacional. La medalla de Awiti no solo rompió una barrera histórica, sino que también dejó claro que el país puede aspirar a nuevos éxitos olímpicos.
Hoy, el reto no es solo repetir la hazaña, sino convertir ese logro en una verdadera plataforma de crecimiento. Porque aunque el precedente ya está marcado, el judo en México aún lucha por salir de las sombras y consolidarse como una disciplina de mayor alcance nacional.
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